Jesús Tamayo: “La mujer que sufre una adicción todavía sigue reacia a pedir ayuda”

 

En 2019, Proyecto Hombre cumplirá 25 años desde que empezó a desarrollar en Córdoba su labor contra las adicciones. Jesús Tamayo (Córdoba, 1975) lleva en la asociación ya 18 de esos 25 años y un año y medio como presidente, un tiempo en el que ha sido testigo de muchísimas y muy diversas historias personales y de cómo esas adicciones le han arruinado la vida a muchas familias, unas adicciones de las que “se puede salir”.

-Supongo que en 18 años habrá visto cambiar bastante el perfil de quien acude a Proyecto Hombre.

-El perfil ha variado mucho. Cuando llegué aquí, la mayoría de las personas a las que atendíamos venían con problemas por consumo de heroína, algunos ya acusaban politoxicomanía, y la cocaína estaba empezando a tener auge, pero aún no había un repunte como el que sucedió a los cinco años, aproximadamente. Las personas que atendíamos al principio estaban muy desestructuradas personalmente y venían de familias con problemas, la mayoría con unos índices de pobreza importantes. Además, aquellos que habían tenido un sustento económico habían dejado de tenerlo a causa de la dependencia, puesto que se habían gastado todos los fondos propios y familiares en el consumo, en pagar denuncias, y muchos de ellos tenían penas pendientes o juicios pendientes por delitos, todos relacionados con su adicción, y eran personas con unos mecanismos de defensa principalmente muy arraigados que necesitaban un tipo de terapia muy específico.

-Y ya la droga no es marginal.

-En absoluto. Poco a poco empezamos a tener a personas que consumían principalmente cocaína y dejaron de ser vidas desestructuradas para ser personas que mantenían trabajos -algunos con hasta puestos relevantes- y que mantenían una vida social y familiar aparentes; sus consumos les invitaban a vivir una doble vida que llevaban oculta.

-¿Hasta qué punto consideran importante la prevención?

-Es fundamental. Hace unos 15 años vimos la necesidad de empezar a trabajar con los adolescentes, con los jóvenes, hablamos de una franja de edad que va de los 14 a los 18 y 21 años. En ese momento, cuando se abrió esa línea era porque ya teníamos adolescentes, hablamos de entre los 14 y 15 años, que estaban empezando con el consumo de cannabis, de cocaína, algunos incluso de heroína. Los padres intentaban mediar en casa para resolver el problema, pero la situación empeoraba con más conflictos, violencia familiar. Así que empezaron a acudir a nosotros, que ya habíamos previsto la problemática, por lo que empezamos a trabajar en el campo de la prevención. También empezamos a acudir a centros educativos con programas que habíamos elaborado a nivel nacional para tratar, no sólo con los niños, sino también con las familias, de crear factores de protección eliminando factores de riesgo tanto en el núcleo familiar como en la calle de manera que estos chicos no llegaran a desarrollar el problema.

-¿Qué diferencias encuentra entre el usuario mayor y el joven?

-Un adulto que acude a nosotros es un adulto que ha destrozado, si no toda su vida, sí parte de su vida. Un adolescente cuya familia acude a nosotros ahora mismo está desorientado y aún no ha perdido su vida. La diferencia en reconstruir y hacer nuevos planteamientos en el adulto y en el adolescente está en reconducir los estilos educativos y reconducir sus pensamientos irracionales.

-¿Qué piensa cuando escucha a alguien que consume decir la típica frase del “yo controlo”?

-Cuando alguien habla de control habla de hábitos. Y los hábitos son algo del día a día. Si yo todos los días me levanto y hago mi cama consigo tener el hábito de hacer mi cama y controlo hacer mi cama, a pesar de que haya días que me levante cansado y deje la cama para última hora de la mañana. Cuando hablamos de una adicción, existe una percepción errónea en la que también ha influido en algunos aspectos la derivación de la nueva normativa, por ejemplo, en el consumo de alcohol y en la propuesta que se ha hecho hace poco respecto a la legalización del cannabis. Esas cosas traen consigo que cada vez se desdramatice más el problema influyendo en que se pierda la percepción de riesgo en el consumo de cualquier sustancia. Cuando una persona dice “yo controlo”. habla de sus hábitos; y cuando yo mantengo un hábito durante mucho tiempo cada vez lo hago más intuitivamente y lo hago más a menudo. Hablamos de sustancias estupefacientes, de juegos o de la conexión a determinadas tecnologías de la información que te van restando una parte de tu vida que es importante. Hablamos de una falsa seguridad en términos internos en la que la persona realmente no es consciente. Y si es consciente pues tiene facilidad para autoengañarse y pensar que puede llegar a controlar un consumo.

-A quien esté leyendo esta entrevista, ¿cómo le explicaría que lo que considera consumo puntual es en realidad una adicción?

-Un consumo ya no es positivo y lo mejor que puede hacer es dejar de consumir. Y si no puede ya por sí solo, debe buscar ayuda antes de que su vida empiece a empeorar.

-O sea, el éxito comienza por la voluntad, tal y como reza una de las muchas máximas que tienen colgadas en cuadros por las paredes de Proyecto Hombre…

-El porcentaje más alto de las personas que acude normalmente a un centro de tratamiento, sea Proyecto Hombre o sea cual sea, no acude porque ve necesario cambiar su vida o cambiar esos hábitos que necesitan para dejar la adicción. Vienen porque tienen otros problemas secundarios que son consecuencia de su adicción. Hablamos de la pareja, hablamos de los padres o hablamos del ámbito laboral. Porque les han dicho: “Si continúas de esta manera, se acabó”. Vienen con ese miedo, por lo que la fuerza de voluntad nosotros la trabajamos desde el primer día a través de la motivación para que la persona se dé cuenta de cuál es su problema original y para que desde ahí adquiera una motivación a cambiar. Nosotros planteamos un cambio en el estilo de vida, no sólo un cambio de hábitos.

-¿Cómo se distribuye el trabajo de Proyecto Hombre en la provincia de Córdoba?

-Contamos con recursos de tratamiento en Córdoba capital y en Lucena. Tanto en uno como en otro punto ofrecemos todos los programas que se conocen actualmente, nuestros tratamientos ambulatorios, tratamientos nocturnos, tratamientos residenciales y los que tienen que ver con intervenciones con adolescentes. Aparte, tenemos diez delegaciones en distintos municipios que están sirviendo de puente para poder llevar a cabo la prevención en los mismos y para poder atender a aquellas personas que necesitan de nuestra ayuda y facilitarles nuestros tratamientos.

-¿Cuál es el porcentaje de éxito de Proyecto Hombre en sus tratamientos?

-Tenemos un 83% de éxito con nuestros tratamientos. A nivel nacional estamos llegando, según la memoria de 2017, al 90%. Y según los datos anteriores que teníamos estábamos entre un 87 y un 89%.

-¿A cuántas personas atienden en Córdoba?

-Ahora mismo estamos atendiendo a 370 familias. Hablamos de 370 familias porque nuestros tratamientos están dirigidos como protagonistas al usuario que tiene el comportamiento adictivo, pero trabajamos también con la familia de ese usuario. No solamente trabajamos en relación a los procesos de estas personas, sino también les ofrecemos grupos de ayuda, seminarios formativos, seminarios informativos…Trabajamos desde entrevistas individuales con las familias, desde lo que es diagnóstico y reestructuración de la convivencia familiar.

-¿Están notando eficacia en los trabajos de prevención?

-Sí, lo estamos notando. Desafortunadamente, por parte de la Administración pública no hay fondos suficientes para financiar toda la prevención que es necesaria y la mayor parte de la prevención que llevamos a cabo la hacemos a través de financiación privada, bien por entidades bancarias, bien por ayuntamientos que nos dan una partida para poder desarrollar nuestros programas, o porque algún donante aporta para que podamos realizar nuestro trabajo. En aquellos lugares en los que estamos implantando los programas al completo notamos una disminución del consumo y del abuso. Que un adolescente con 16 años no pruebe el alcohol es difícil de conseguir, pero que un adolescente con 16 años no mantenga la estadística que tenemos ahora a nivel nacional de consumir y abusar como mínimo una vez al mes lo estamos consiguiendo.

-Supongo que poco contribuirá a mejorar esas estadísticas la permisividad que existe a la hora del botellón.

-En los diez últimos años, ha habido un incremento del 11% en consumo de alcohol y en abuso de alcohol por parte de los menores de 18 años. La edad es verdad que se ha recortado en positivo, es decir, antes empezaban a beber con 12 años y a día de hoy los abusos empiezan a llegar con 15 ó 16 años. Ha sido un avance, pero es cierto que las políticas en temas de legislación y de regulación del consumo de alcohol en menores no están totalmente definidas y por parte de cada gobierno en cada municipio hay una adaptación de estas políticas que no favorece que podamos llevar la prevención hasta el punto que es necesario.

-¿Me está diciendo que se están encontrado barreras por parte de la Administración a la hora de luchar contra las adicciones?

-No son barreras. Es un espacio vacío en el que es difícil desarrollar actividades específicas y unificadas a nivel nacional y no sólo por parte de nuestro Gobierno, sino que es a nivel europeo. Es algo que ha pillado por sorpresa en muchos ámbitos, aunque por parte de las asociaciones ya lo estábamos avisando, lo mismo que estamos avisando de la problemática que está empezando a haber con el uso de las tecnologías de la información y de la comunicación y de la problemática que está empezando a haber con el juego on line y con otro tipo de juego por parte de menores. Sólo hay que salir a la calle y ver la cantidad de centros de juegos que se están abriendo y la cantidad de publicidad que se les está haciendo. Tenemos información por parte de fuentes médicas de una asistencia mucho mayor de un año para otro a niños que están empezando a dar problemas de ansiedad, y de familias que cuando hablas con ellas por los problemas de ansiedad cuentan que han padecido unos gastos económicos importantes por la adicción de sus niños.

-O sea, que la adicción también se va digitalizando.

-Hablamos de comportamientos adictivos, no hablamos de una sustancia que provoca una intoxicación y una dependencia física, hablamos de una dependencia psicológica. Cuando nosotros hablamos de las tecnologías de la información y la comunicación digital no queremos hablar de adicción, porque necesitamos de muchos medios digitales para poder estar al día tanto a nivel formativo como laboral y social. El problema viene cuando el uso no es el adecuado. En eso es importante que las familias estén bien informadas, que los niños estén bien informados y que haya una formación educativa por parte de estas familias para limitar en qué aspectos pueden utilizar estos medios y en qué tiempos pueden utilizar estos medios.

-¿Hacia qué retos se encamina Proyecto Hombre?

-A lo largo de la historia hemos notado una dificultad tremenda de la mujer con estas problemáticas para acudir a nuestros tratamientos. Esta incorporación viene dificultada, por una parte, por la cultura que hemos adquirido desde hace muchos años aquí en España en la que la perspectiva de género nunca se ha contemplado ni se ha trabajado hasta hace pocos años. Lo primero por el pensamiento de que si yo me acerco a un centro de Proyecto Hombre o de cualquier otra asociación, todo el mundo va a saber que voy por este motivo. Y a una mujer no se le juzga igual que a un hombre por el hecho de tener un consumo puntual o por tener una adicción, la mujer está mucho más discriminada en ese aspecto. Por otra parte, una mujer que mantiene a una familia tiene muchas más dificultades que un hombre a la hora de que alguien se haga cargo de sus hijos o de que se haga cargo de ciertas tareas domésticas para poder estar un tiempo completo en un tratamiento ambulatorio.

-¿Se sigue estigmatizando al drogadicto y a centros como el de Proyecto Hombre?

-Afortunadamente, no. Hay algo que es evidente y es que la mayor parte de las personas que atendemos a día de hoy no son las personas desestructuradas que atendíamos hace 25 años, sino de clase media y alta. En 1994, el problema de la drogodependencia estaba en el segundo puesto de preocupación a nivel nacional, a día de hoy está en el puesto 24. Esto es también porque por parte de la sociedad se percibe mucho menos riesgo. Antes el problema era que morían muchas personas con la heroína y a día de hoy no es conocido, por poner un ejemplo, el número de personas que mueren por un infarto o que mueren por un ictus porque han consumido cocaína. Pero se sigue muriendo.

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