¿Qué es la dopamina? ¿es la culpa de nuestras adicciones?

 

La mayoría de investigadores están de acuerdo en que la diferencia clave entre los cerebros humanos y los de otros animales es el tamaño y la complejidad de nuestra corteza cerebral, la capa externa de tejido neural del cerebro. Así, tendemos a centrar nuestra atención en esta área, creyendo que nuestra vida mental única se debe a esta obra maestra de la evolución.

Pero a menudo ignoramos las partes que son casi idénticas entre humanos y animales, como el pequeño grupo de células cerebrales que usan la sustancia química dopamina para comunicarse con otras células cerebrales.

Una experiencia gratificante

La dopamina a menudo se describe como la «sustancia química del placer» del cerebro, pero en realidad está involucrada en una gran cantidad de procesos físicos y mentales. Es utilizada por un grupo de neuronas en el mesencéfalo para transmitir mensajes a otras neuronas. Las neuronas dopaminérgicas son pequeñas en número (~ 0.0006% de las neuronas en el cerebro humano) y se observan en todos los mamíferos e incluso en animales «simples» como las tortugas.

En la década de 1950, los investigadores descubrieron que las ratas parecían disfrutar con la estimulación del haz nervioso que une las neuronas dopaminérgicas con sus objetivos en el cerebro anterior. Las ratas aprenderían a presionar una palanca para este tipo de estimulación y, sin control, lo harían miles de veces en un día.

Un experimento similar (y totalmente poco ético) se realizó en 1970 en un paciente humano. Al igual que las ratas, el paciente aprendió a presionar un botón para estimular el haz nervioso de dopamina, presionando el botón 1500 veces en el transcurso de una sesión de tres horas e informando sensaciones de placer durante la estimulación.

Desde entonces, los estudios han demostrado que el sistema de la dopamina puede activarse mediante una amplia gama de experiencias agradables, como comer, tener relaciones sexuales, vengarse, ganar en videojuegos, escuchar música, ganar dinero y leer dibujos animados divertidos. El sistema dopaminérgico también responde de manera sólida a las drogas adictivas, incluidos los opiáceos, el alcohol y la cocaína. Estas drogas pueden provocar una activación más fuerte que las recompensas naturales y, a diferencia de las recompensas naturales, no causan saciedad.

Una interpretación directa de estos hechos es que el sistema dopaminérgico es una vía de placer en el cerebro. Esto explicaría por qué los animales y las personas estarían dispuestos a presionar botones o palancas para activar las neuronas dopaminérgicas. También podría explicar por qué algunas drogas son tan adictivas. La activación fuerte y prolongada inducida por las drogas puede actuar como una «súper recompensa», haciendo que las drogas sean aún más deseables.

Sin embargo, muchos eventos mentales ocurren cerca del momento de una recompensa, incluidos los cambios en la motivación, la excitación, la atención, las emociones y el aprendizaje. Por ejemplo, imagine pasar por una máquina expendedora que ofrece dulces. Si el hambre lo motiva, su atención se centrará en la máquina y estará más alerta a medida que se acerque. Una vez que ha comido los dulces, experimenta placer, su cerebro aprende a asociar la máquina expendedora con la recompensa, y su hambre disminuye. Es probable que el sistema dopaminérgico esté involucrado en muchos de estos procesos en lugar de solamente con el placer per se.

Dopamina versus fuerza de voluntad

Uno de los aspectos más importantes de la función de la dopamina es el aprendizaje. Los investigadores creen que las neuronas dopaminérgicas cambian su actividad cuando las expectativas sobre la recompensa no coinciden con la realidad, lo que indica un «error de predicción de recompensa» que impulsa el aprendizaje. Por ejemplo, las neuronas dopaminérgicas se activan mediante recompensas imprevistas, pero se suprimen cuando las recompensas esperadas no se materializan.

Los eventos seguidos de aumentos en la activación de dopamina se asocian con la recompensa, y los que siguen a las disminuciones están vinculados con la decepción. Si el entorno no cambia, todo lo que nuestros cerebros deben hacer para obtener una recompensa es participar en acciones que activen las neuronas dopaminérgicas y evitar las que las suprimen.

Es muy poco probable que tengamos mucha conciencia del aprendizaje que induce la activación de la dopamina, como por ejemplo, apegarnos a cosas que, sin saberlo, asociamos con la activación de la dopamina. Esta falta de conciencia podría explicar por qué las personas a menudo toman decisiones aparentemente irracionales o desadaptativas.

Imagina a un drogadicto tomando cocaína. Debido a que el placer de la cocaína no se sacia como en una recompensa natural, la activación dopaminérgica y el aprendizaje inducido por las drogas se dan con cada bocanada de la pipa de crack, convirtiendo la pipa en un objeto al que el adicto se siente atraído.

¿Nuestro maestro químico?

¿Se puede utilizar la investigación del cerebro para superar los efectos de la dopamina en la adicción? Los neurocientíficos están buscando activamente la creación de drogas que bloqueen el aprendizaje inducido por la dopamina en la adicción. Sin embargo, han tenido un éxito limitado, ya que es difícil crear una droga que bloquee dicho aprendizaje sin bloquear también otras funciones de la dopamina, como sentirse alerta, motivado y feliz.

El aprendizaje inducido por la dopamina ciertamente no es toda la historia detrás de la adicción, pero sugiere que debemos considerar si la adicción es algo que el razonamiento humano por sí solo puede superar. Lo mismo podría aplicarse a otras fallas cotidianas de la fuerza de voluntad, como comer en exceso.

Nuestra corteza cerebral especial puede estar en control de nuestras acciones, pero nuestro sistema primitivo de dopamina puede muy bien servir como su maestro.

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